Lo que permanece para siempre

Por Tailyn Miranda

“Los seres humanos son como la hierba, su belleza es como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita. Pero la palabra de Dios permanece para siempre”. 1 de Pedro 1:24 NTV

Estos últimos meses se han sentido como una película en cámara lenta. Vimos como, ante nuestros propios ojos, se paralizaron las escuelas, se cerraron parques y playas, nuestras rutinas se modificaron y nuestros atuendos también. Mi lugar de trabajo pasó de estar repleto de personas y lleno de vida, a un vacío ensordecedor. Vi ante mis ojos como algunos de mis compañeros, familiares y amigos perdían sus trabajos; como de una semana a otra nos quedamos sin los abrazos de domingo y la adoración en vivo, y las casas se convirtieron de pronto en guarderías y oficinas. Todo parecía apagarse poco a poco. Y lo cierto es que, a pesar de las historias que pudimos haber escuchado o leído, nunca habíamos vivido algo de tal magnitud, que afectara a tantas personas al mismo tiempo. Las palabras pandemia, cuarentena, recesión, desempleo, enfermedad, distanciamiento social pasaron a formar parte de nuestro vocabulario habitual.

A pesar de todo esto yo me sentía en paz y confiada. Creo que un devocional al que me invitaron durante los primeros días de la cuarentena y la primera serie de prédicas de la nueva iglesia online sobre la “PAZ” influyeron en mí de manera pensar.  Sentí esa paz en mi corazón y tuve la confianza para creer que Dios me sostenía en este tiempo y me permitía estar en pie a pesar de las circunstancias, para poder proveer y ayudar a mi familia. Así, pude surfear esa primera ola de ansiedad.

Pero un día me tope con el testimonio de una persona que acabada de perder su trabajo. Había sido durante muchos años la Gerente de Marketing de un reconocido grupo de restaurantes y su imagen profesional parecía no poder desligarse o separarse de aquello. La vi quebrarse frente a la cámara y contar como en la intimidad sabía que Dios la había venido preparando para este momento, pero también cuestionarse –como es lógico- todo el tiempo, recursos e ideas que había dedicado a ese lugar y que parecían haberse esfumado de un momento a otro. La escuché preguntarse: “¿Quién soy si ya no tengo esto? ¿He perdido mi valor?”

Ese testimonio fue el detonante de un momento de angustia en mi corazón. Pude ponerme en sus zapatos y sentir como un frío invadía mi cuerpo al pensar en el futuro y lo que podía venir. Sentí miedo al hacerme consciente de como se afectaría la industria turística en los próximos meses y como esto podría impactar mi trabajo. Inevitablemente, me encontré haciéndome las mismas preguntas: “¿Soy solo lo que hago? ¿Y si lo que hago hoy deja de existir, pierdo mi valor? ¿Seré capaz de superar esta crisis y sobreponerme? ¿Tendré la misma posición que tengo hoy? ¿Quién soy más allá de lo que hago? ¿Cuál es mi verdadera identidad?”

Entonces pensé en el concepto de impermanencia y leí esta palabra en 1 de Pedro 1:24 NTV: “Los seres humanos son como la hierba, su belleza es como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita. Pero la palabra de Dios permanece para siempre”. Todo lo que creemos poseer es efímero, cambiante y pasajero. Forma parte de un ciclo de vida, pero tendemos a apegarnos a ideas, personas, maneras de hacer las cosas, sin reconocer que vivimos en un mundo dinámico y en constante movimiento.

Así como cada árbol plantado muda sus hojas cuando llega el tiempo, así mismo nosotros seremos movidos a perder nuestras hojas para permitir que crezcan nuevas. Es un proceso natural y como tal debemos reconocerlo y aceptarlo. Lucas 21:30 NTV nos recuerda “Cuando broten las hojas sin que nadie les diga ustedes saben que se acerca el verano”. Las señales pueden ser sutiles o evidentes, pero generalmente Dios nos prepara para los cambios que vamos a experimentar y nos alienta a confiar en Sus fuerzas más que en las nuestras.

¿Dejamos de ser quienes somos porque ya no tengamos lo que teníamos ayer? ¡No! El árbol no deja de ser árbol cuando muda las hojas. Su esencia sigue siendo la misma, aunque externamente luzca diferente. Si creemos que Dios es nuestro Padre, quien envió a Su único Hijo en sacrificio por nuestra salvación, para que nuestra fe, nuestra esperanza y mirada estén en Él, toda carga y prueba que tengamos será más liviana porque para Él no hay nada imposible y Su permanencia es para siempre.

Si sientes angustia en este tiempo te invito a meditar en este concepto de impermanencia y a declarar con fe esta palabra:

Amos 5:8 NTV: “Es el Señor quien creó las estrellas, las Pléyades y el Orión. Él transforma la oscuridad en luz y el día en noche. Él levanta agua de los océanos y la vierte como lluvia sobre la tierra. ¡El Señor es su nombre!”

Comments

  1. Que lindo testimonio de vida Tailyn, todo se nos puede quitar de la vida pero lo único que nos queda para siempre es el amor inagotable de nuestro Dios.

  2. Tremendo testimonio de vida Tailyn, pues la verdad que nos pueden quitar todo de nuestra vida, pero lo único que siempre va a permanecer ahí es el gran amor de Dios para nosotras.

  3. Totalmente. Este tiempo nos ha ayudado a descubrir y reconstruir en quién/dónde está nuestra permanencia.

  4. Que Bello hija. Dios te bendiga. Excelente. La comparación del hombre al arbol la impermanencia y todo ese testimonio con sustentos bíblicos que nos invitan a examinarnos y a reflexionar en realmente quienes somos y quienes queremos ser. Un fuerte abrazo y me encantó leerte.

  5. Excelente reflexión, Dios se manifiesta en tiempos de pruebas, se engrandece su poder en nosotros, solo debemos saber que todo pasa, es parte de la evolución.

  6. ❤…Dios por eso te quiero en mi vida ,porq no importa lo que pase tú estás ahí siempre ❤..bello Taylin

  7. Excelente mujer destino, inédito, original, no había escuchado ni leído impermanencia y compararlo con una situación sctual de un empleo es una invitación al uso de la empatía y procurar ser más espiritual que emocional. Es una enseñanza muy profunda que te cambia tu manera de pensar efectivamente

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