SPIRIT KEEPER

Por Kristy Motta

Ser una guardiana de nuestro espíritu es ser una hija de Dios. Cuando una mujer descubre su identidad de hija amada de Dios, se da cuenta que dentro de su verdadera identidad yace la dinastía de realeza que le impele y demanda a ejercer su reinado como una hija legítima; ser una reina ejerciendo sus funciones reales, es ser guardadora de aquello que le fue otorgado por derecho real, sin embargo reconoce que no puede hacerlo con sus fuerzas sino a través de aquello que le dio la revelación de ser hija, la hija perdida que fue hallada y reconoció su lugar de origen. Todo esto sucede debido al Espíritu de adopción por el cual tenemos acceso a clamar Abba Padre, por ello reconocemos que si la adopción ocurrió por el Espíritu de Dios, el ejercicio de mi nueva y verdadera identidad también dependerán de esa intervención divina y de esa relación constante.

Quiero invitarte a meditar en un solo versículo que nos revela la necesaria vida devocional para que mantengamos el nivel de consciencia espiritual que permitirá ser guardadoras de nuestro espíritu a través del Espíritu Santo de Dios. La vida espiritual bien fortalecida no es una casualidad, es intencional, esto no quiere decir que se ejerce basada en voluntarismo religioso sino en un deleite amoroso y sostenido por la obra perfecta de Jesús y la realidad de la resurrección, una relación que se nutre a través de Sus Palabras inspiradas por ese mismo Espíritu.

Malaquías 2:16  (NVI) 16 «Yo aborrezco el divorcio —dice el Señor, Dios de Israel—, y al que cubre[a] de violencia sus vestiduras», dice el Señor Todopoderoso.

Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros.

Mis amadas, es fácil leer este versículo y poner el énfasis en “yo aborrezco el divorcio”. Las que hemos pasado por allí, sabemos lo doloroso que es leer estás palabras y más aún si no estuvo en tus manos dicha decisión. Sin embargo, hoy quiero que veas algo que debido al impacto de la primera frase podemos dejar de lado. El versículo finaliza con la causa raíz de todo tipo de traición: “…cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros”, porque precisamente es en el descuido de nuestro espíritu que inicia toda traición.

Nadie inicia un proceso de pecado fortuitamente, todo inicia con una desconexión imperceptible, hasta que se hace evidente en una traición. Esto no es referente al matrimonio solamente, es referente a toda la vida de lealtad a Dios, a nosotras y a otros. Por eso quiero invitarte a revisar todas las áreas de tu vida y preguntarte: ¿Estoy cuidando mi espíritu de no desnutrirse?

Mis amadas, todas necesitamos no divorciarnos de nuestro Esposo número 1, nuestro Señor y cuidar nuestro espíritu, necesitamos ser leales a El primordialmente y luego comprender que lo más triste de las traiciones, sea cual sea el contexto, lo cierto es que dividen y violentan la voluntad perfecta de Dios, sustentada en el amor y la lealtad por decisión y rendición en amor y no por la obligación o manipulación. Dios mismo es quien desea vernos cuidando nuestro espíritu para no traicionarle a El, a nosotras mismas y a otros semejantes.

Quiero invitarte que a vísperas de nuestro congreso, te prepares para despertar a un nuevo nivel de cuidado espiritual, físico y emocional.

Con mucho amor,

Kristy Motta

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