VOLVIENDO A LO BASICO

Por Andrea Movilla

No se nos dio otra opción: Hemos tenido que volver a lo básico.

Yo no se si esta cuarentena ha sacado tu lado mas creativo, pero yo nunca antes había pensando en tantas alternativas para entretenerme. He leído mas libros, he cocinado mas, he hecho una nueva pared de afirmaciones y sueños, he intentado aprender cosas nuevas y hasta he tratado de retomar viejos pasatiempos, cosas que solía hacer muy bien, para luego darme cuenta que mi falta de práctica había hecho que perdiera esa habilidad casi por completo. ¿Te ha pasado?

Eso lo describe la ley de la familiaridad, la cual dice que cuánto mas familiarizados estamos con algo, mas lo damos por sentado. Literalmente, damos por sentado cosas que tenemos o que podemos hacer por que simplemente estamos tan familiarizados con ellas, que ya no les damos tanta importancia. Estoy segura de que puedes pensar en por lo menos tres cosas que antes de esta cuarentena dabas por sentado porque ya estabas muy familiarizada con ello, pero que ahora darías cualquier cosa por tenerlas de nuevo. Esto pasa de hecho en muchas áreas de nuestras vidas, hasta en nuestra relación de pareja. En algún punto de nuestra vida le pedimos a Dios ese hombre maravilloso y luego, llega y comenzamos a habituarnos a lo increíble que nos hace sentir (¿será esta la razón por la cual dicen que las mariposas se van después de unos años?)

Esta cuarentena nos obligó a pausar, a reflexionar, a volver a lo básico y nos hemos dado cuenta que habíamos dejado de valorar lo que realmente importa. ¿Analizar esta ley de la familiaridad me llevo a pensar, nos sucede esto también en nuestra vida espiritual? ¿Internamente, hemos vuelto a lo básico?

Decidí hablarlo con Dios y me recordó tres cosas, tres cosas simples sobre las cuales se construye toda nuestra vida espiritual. Tres cosas que tal vez no conozcas, o que si conozcas pero que te suenen tan básicas que no las pongas en practica y que te estén costando muchos aprendizajes. 

Primero, Jesús nos habla de amar a las personas. Recordaba cuantas veces había escuchado a Jesús hablarnos acerca de amar a los demás. Una de mis favoritas,

  • 1 Juan 4:7, lo dice claramente: Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios

Me preguntaba cuan básico esto ha llegado a sonarnos. Tanto así que en nuestro día a día tal vez es lo primero que olvidamos. Nos encontramos en una conversación con alguien que nos lleva la contraria, toman una decisión en nuestro trabajo con la que no estamos de acuerdo, conocemos a alguien que piensa diferente a nosotros; ¿y es siempre nuestra respuesta amar? No se a ti, pero a mi no siempre se me hace tan fácil. 

Segundo, la Biblia también nos habla acerca de meditar en su palabra de día y de noche. Y dice meditar, no simplemente leer. La palabra meditar me encanta por que básicamente nos habla de ir más allá, de susurrarnos al oído constantemente, de visualizar. ¿Recuerdas cuando fue la ultima vez que visualizaste esas promesas que Dios tiene para ti? Creo que esto tiene un componente poderoso: hace que esa palabra se vuelva nuestra. Por momentos llegamos a habituarnos tanto a leer su palabra o hasta a hablar con Dios, que podemos hacerlo desde el hábito y no desde la intención. Meditar definitivamente nos impide caer en la rutina y nos ayuda a no hacer de nuestro tiempo con Dios algo monótono.

Y tercero, ¿tienes clara tu visión? Esta es clave. Entre nuestras mil y una actividades, perdemos de vista que vamos caminando hacia un destino y muchas veces, o no sabemos para donde vamos o gran parte de esas cosas a las que nos dedicamos no nos acercan allá. Saberlo es importante pero reevaluar nuestros planes es lo esencial. Si no sabemos hacia donde vamos, no sabremos que camino tomar, pero si no tomamos el camino correcto, tampoco llegaremos. Pienso que justo a esto se refería Proverbios 29:18; definitivamente sin una visión el pueblo se pierde. Este es el momento perfecto para hacernos las preguntas correctas, para replantearnos hacia donde estamos caminando y para hacer los ajustes necesarios en caso de que haya sido en el sentido contrario.  

Esta cuarentena sin duda alguna es un tiempo de pausar, para permitir que nuestros aprendizajes nos alcancen. En nuestro día a día íbamos tan pero tan rápido que muchas veces nos era imposible sacar este tiempo para hacernos las preguntas correctas. ¿Pero te has puesto a pensar que el mundo ha hecho una pausa y qué solo está esperando a que tú también la hagas?

¡Volvamos a lo básico!

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